La visión más lúcida de la generación del 98 sobre la necesidad en España de mejorar la educación, la ciencia y la innovación fue la de Giner de los Ríos, quien lideró la Institución Libre de Enseñanza. Giner tenía una visión optimista del futuro de España condicionada a mejorar la educación y la ciencia. Su tesis es que España no perdió Cuba por tener peores soldados, sino porque los estadounidenses contaban con mejores ingenieros y electricistas y los habían formado décadas antes en sus escuelas y en sus universidades. Giner defendía que España no necesitaba un caudillo sino un pueblo, y la clave era la educación. Por esas fechas, Pablo Iglesias coincidió con la visión de Giner y fundó el Partido Socialista, cuyo objetivo era luchar contra el trabajo infantil y la precariedad en el empleo. Pero tres de cada cuatro españoles de la época no sabían leer ni escribir, de modo que las casas del pueblo se convirtieron en escuelas para enseñarles.

La colonia de la Institución Libre de Enseñanza en San Vicente de la Barquera en agosto de 1930.

 

Giner fue un gran innovador y sus ideas siguen vigentes. A principios del siglo XX, la Fundación Rockefeller le hizo una donación para construir un laboratorio de investigación en el jardín de su casa en la calle del General Martínez Campos de Madrid, sede actual de su fundación. Luchó para cambiar la universidad y al final acabó fundando una privada con mecenazgo y donaciones, donde pudo poner en práctica sus ideas innovadoras en pedagogía y desarrollo científico. Becaba a sus mejores alumnos e investigadores para ir a estudiar a las mejores universidades del mundo de la época.

Seguimos muy lejos de nuestros socios europeos en gasto en investigación e innovación y en número de patentes registradas

En la Institución Libre de Enseñanza innovaron en el método educativo de los estudiantes desde que empezaban su escolarización. En sus colegios asociados enseñaban a los niños a pensar, a desarrollar su creatividad, a entender el cambio y la incertidumbre como algo consustancial al ser humano, a ser emprendedores y a tener criterio propio para tomar decisiones en un mundo cambiante. También les enseñaban valores cívicos para ser buenos ciudadanos y los concienciaban para preservar el medio ambiente y la biodiversidad. Así nació la Residencia de Estudiantes, donde estuvieron Dalí, Lorca, Buñuel y los mayores talentos de nuestra querida España en aquellos años.

Desde Giner de los Ríos hasta hoy los avances de la sociedad española en educación, ciencia e innovación son impresionantes, especialmente desde la llegada de la democracia en 1978. Cuando Franco murió, uno de cada cuatro andaluces seguía sin saber leer ni escribir, y uno de cada dos estaba sin escolarizar. Uno de cada cuatro jornaleros seguía trabajando en el campo con técnicas de producción agrícola y ganadera de siglos anteriores. Hoy en España, la mayoría de la población sabe leer y escribir, y uno de cada tres trabajadores tiene estudios universitarios. Tan solo el 3% de los ocupados trabajan en el campo, con maquinaria y técnicas avanzadas que permiten duplicar varias veces lo que producían en 1975 con seis veces menos trabajadores. Es decir, el aumento de la productividad por ocupado en el campo ha sido espectacular.

Giner defendía que España no necesitaba un caudillo sino un pueblo, y la clave era la educación.

España aprovechó sus bajos salarios para que empresas francesas y alemanas decidieran deslocalizar parte de la producción de sus países en los años sesenta, setenta y ochenta. Luego mejoramos nuestra educación, nuestro capital humano, la maquinaria que usaban nuestras empresas y nuestras infraestructuras, para converger en renta por habitante y productividad por ocupado con nuestros socios. Desde 1975, España ha aumentado su empleo un 50%. Las regiones con menor renta cuando murió Franco es donde más ha crecido. Destaca Andalucía, donde ha aumentado un 75%, y se ha reducido la desigualdad dentro del territorio. España ha multiplicado por cuatro su renta por habitante desde entonces, y ha triplicado el gasto social por habitante, desarrollando un Estado de bienestar que era anémico a la muerte del dictador.

Sin embargo, cuando se hace el análisis comparado con nuestros socios europeos, seguimos teniendo un nivel de capital humano ligeramente por debajo de la media y estamos lejos de los países más avanzados del mundo en renta por habitante. Por lo tanto, hemos cerrado la gran brecha educativa pero sigue habiendo margen para mejorar. Y los socios europeos ya no son el gran referente. Los países que lideran el informe PISA en calidad de educación son los emergentes, la mayoría asiáticos. Polonia es el país europeo con mejor calidad de educación, según ese informe de la OCDE.

La mejora también ha sido espectacular en el ámbito científico. El 3,5% de los artículos publicados en revistas científicas internacionales son de investigadores españoles; eso es el doble del peso del PIB español en el PIB mundial. Sin embargo, seguimos muy lejos de nuestros socios europeos en gasto en investigación e innovación y en número de patentes registradas. El último dato (de 2010) en registro de patentes por habitante era un 60% inferior al promedio europeo; asimismo, desde 2011 los recortes en gasto público en I+D+i han sido brutales, retrocediendo a los niveles de 2003 que dejó Aznar. En 2000, según el Banco de España, estábamos un 90% por debajo del promedio europeo; o lo que es lo mismo: nuestros socios europeos registraban de media 10 veces más patentes por habitantes que nosotros. El Gobierno de Zapatero hizo del I+D+i su principal política para revertir la excesiva dependencia de la economía española en la época de la burbuja y triplicó el gasto público en investigación entre 2004 y 2011, siguiendo las recomendaciones de Giner de los Ríos. El PP, tanto con Aznar entre 1996 y 2004 como con Rajoy desde 2012, ha seguido la filosofía de Unamuno: “Que inventen otros”.

Cuando Franco murió, uno de cada cuatro andaluces seguía sin saber leer ni escribir

Además de un bajo nivel de gasto público en I+D+i, el gasto privado es aún más bajo que el de nuestros socios. España tiene pocas empresas innovadoras, aunque, por fortuna, muchas más que en los años noventa, especialmente en la i pequeña. Puedes meter un 10% del PIB en I+D, pero, como nos enseñó Schumpeter en su teoría del desarrollo económico en 1911, si no hay empresarios innovadores ese conocimiento no se convertirá en empleo y en progreso económico. Los economistas hemos empezado a medir la inversión en intangibles a pesar de su dificultad, pues en muchos casos se desarrolla dentro de las empresas y no hay transacciones y precios de mercado para valorarla. En España, medida sobre PIB, la inversión en intangibles es la mitad que en Estados Unidos, Francia o los países nórdicos, y un 25% inferior que en Alemania.

Economía digital, bases y análisis de datos, I+D, registro de patentes, propiedad intelectual, derechos de autor y diseño son los ámbitos donde tradicionalmente la economía de los intangibles ha puesto el foco. Las nuevas líneas de investigación de los economistas para medir la innovación se centran en la gestión de las empresas del valor de su marca, de su notoriedad y reputación, investigación y posicionamiento de mercado, formación e inversión en capital humano, gobierno corporativo, formación y calidad de los empresarios, etcétera.

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